De pronto ella va entrando a la historia del cine, no es como otras, ella es única, tiene carisma, la ves y no puedes creer que sea real, quizá tenga todo lo que has imaginado ... incluso más.
Con un físico sorprendente, mirada coqueta y sonrisa amable, la novel actriz conquista el corazón de millones, es la envidia de miles de mujeres alrededor del mundo y es el ejemplo a seguir para varias jovencitas, todo el mundo pregunta de dónde vino o cómo fue que dieron con ella, también se cuestionan el por qué tardaron tanto en descubrirla, pero la verdad es que ella es una obra maestra creada únicamente por la mente de un acabado director, ella es S1m0ne.
¿Qué pasaría si todo lo que creemos que es real, de pronto no lo fuera?
Esa es la primicia de esta inigualable película dirigida y escrita por Andrew Niccol e interpretada por Al Pacino y Rachel Roberts como S1m0ne, la cual nos habla acerca de un desgastado director de cine (Al Pacino) que al sufrir la pérdida de la actriz con la que grababa quizá su última oportunidad de renacer en el medio, desesperado recurre a un muy sofisticado programa de computadora (de cuyo nombre proviene el de su nueva protagonista) para crear a la mejor actriz de todos los tiempos, sin embargo conforme pasa el tiempo, el mundo virtual que ideó comienza a desvanecerse ante la creciente búsqueda de la verdad por parte de los fans. Con un final bastante adecuado e inesperado, posiblemente S1m0ne, sea una de las mejores películas de Al Pacino (en lo personal junto con "Perfume de Mujer").
Estoy seguro que muchos esperarían a que el tópico del que hacemos hoy alusión versara irremediablemente en el film, afortunadamente, no es así, ya que el tema que hoy debe ocupar nuestros sentidos es otro: la realidad virtual.
Si ya en Gorillaz mencionábamos una tendencia creciente a computarizar nuestra realidad para dotarla de elementos que en la vida real nos son imposibles, ahora debemos agregar que la trascendencia de la misma puede llegar a límites insospechados, porque si bien, S1m0ne es sólo una película, no es extraño que pronto veamos como los actores de carne y hueso son reemplazados por intérpretes de vectores y pixeles, de hecho, si mal no recuerdan, hace ya unos ayeres, una película había reemplazado en lo absoluto a sus protagonistas de piel por animaciones muy parecidas a la realidad, tanto se habló de aquello que se decía que posiblemente estábamos contemplando la existencia del cine como lo conocíamos.
¿Qué podemos decir ahora?
Que fallaron, así es, hablo del largometraje norteamericano-japonés, "Final Fantasy: La Fuerza Interior". Rotundo fracaso en taquilla y la mejor manera de perder tu tiempo, sin embargo su valor consiste en ser el primer intento por crear humanos "virtuales" (algo en lo que también fallaron, pues se veían peor que los monitos de los videojuegos).
¿A qué nos lleva esto?
Si bien, en S1m0ne se nos maneja el tema de la realidad virtual de una manera sencilla y sin tantos aspavientos, el mensaje que encierra en sí ya contiene los elementos necesarios para darnos la idea de hacia dónde vamos y con qué contamos. En unos cuantos años seremos capaces de ver como nuestros actores favoritos van cediendo el paso a criaturas animadas de verdadero parecido humano, disminuyendo costos financieros pero poniéndonos en una encrucijada sobresaliente: una mayor confusión del cerebro del hombre (como especie) ante la incapacidad de discernir sobre lo que es verdadero y real, de lo falso e inexistente. Si ya hoy en día los niños tienen complicaciones por diferenciar lo que pasa en sus caricaturas con lo que pasa fuera del televisor, es escalofriante pensar lo que puede ocurrir después.
Primero fueron las caricaturas lo que hizo posible ver contenidos animados sin seres humanos, luego la tecnología del 3D y ahora intentos por crear personajes con apariencia tan humana, los cuales asimilamos con ávida alegría, que nos vamos olvidando de lo que significa, en todos los sentidos de la oración: ser una persona.
Conclusión:
Ciencia ficción o no, los constantes cambios ideológicos y conceptuales, nos van orillando a ser una sociedad de apariencias, donde ya no se sabe en qué parte comienza mi yo y que en qué otra se ubica mi avatar (ese alter-ego cibernético que todos tenemos), lo que sí sabemos, pero no queremos reconocer, es que estamos privilegiando vivir en un mundo de eternas fantasías, a disfrutar de lo que nos rodea con el único afán de seguir siendo nosotros, humanos imperfectos pero humanos al fin.

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